lunes, julio 20, 2009

Nantli.

La casa esta tan vacía, los sonidos se agazapan en la nada, solo el silencio resopla en las paredes, la oscuridad se robo la vida, y el sueño no combate el dolor.
Con el insomnio susurrándome al oído, medito entre el humo del tercer cigarro que trata de mitigar esta ansiedad, batalla que perdieron las uñas de mis manos; y es que todo pasa tan rápido, el brillo de las flores en primavera rápidamente es borrado por una tempestuosa tormenta, solo quedan sombríos colores y los restos de una lucha natural. Lo que creíste inmortal se desmorona ante tus ojos, y uno cae en cuenta que no es más que algo inferior incapaz de borrar dolor, impotente masa de huesos insignificante que ni ofreciendo esta propia vida tan mundana, seria suficiente para mitigar un sufrimiento o sobrellavar una perdía.


La fragilidad con la que se colapsa la vida no deja de sorprenderme,
no deja de golpear mi puerta.


De donde agarras fuerzas cuando no te crees merecedor del milagro, pero que aun así lo imploras; de donde sacas las fuerzas para seguir fingiendo esa fortaleza que adquiriste en años de mediocre sufrimiento, que no se compara si la vida te quita a esa luz que te hace parte de lo que eres. Como explicas, como disciernes sabiamente el presente, si ni siquiera eres capaz de sobrellevar lo que te estruja en la realidad.....
Sigo fumándome el cigarro en busca del sol del nuevo día, de la nueva mañana, sentada en el marco de mi ventana con la oscuridad solapándome las penas, esperando que todo haya sido una fría pesadilla, un castigo a la escoria de mi persona, y que esa luz siga brillando, pues prefiero morir yo a verla fundirse con la oscuridad y el dolor.