Grito al cielo su nombre, nadie contesta, veo a un hombre dormido, mi llanto se despierta, le he dicho que lo quiero y no me escucha, la angustia llega.Me voy acercando y siento un nudo en mi corazón, un escalofrió que me dice que hay una estrella mas en el firmamento, mis pasos tienen miedo de seguir, a lo lejos hay alguien dormido que no se da cuenta q con pesar camino, mis ojos no quieren saber quien es, pero mis brazos conocen aquella piel. He llegado a su cama y el mundo se paralizo, mis ojos desangrándose en lagrimas, mi corazón desangrándose de dolor, no puedo respirar, me duele mucho el pecho, algo dentro de mi acaba de morir, ese hombre dormido lo conozco, en sus ojitos cerrados reconocí esa mirada llena de luz que ya estaba cansada de reflejar un sufrimiento, pero a pesar de eso pude ver la bondad de un hombre luchador, en la tranquilidad de su rostro esa fortaleza de pelear hasta el fin, en su piel fría todas aquellas tardes de enseñanza bajo el sol, donde con sus palabras me alentaba a vivir con la frente en alto, y no dejarme vencer por nada ni por nadie, ni por mi misma; me decía lo orgulloso que estaba de que su nietecilla fuera a la universidad, y tal vez nunca supo en todo lo que ayudo a esta mente joven que deseaba comerse el mundo, que creía saberlo todo, que podía volar libre sin que nada la detuviera, hay tantas cosas, y no puedo creer que sea mi abuelo el hombre que esta dormido frente a mi, pero lo es, y le sigo gritando que lo quiero y me niego a perderlo, pero ya no despierta, no escucho su risa, sus palabras, el silencio de un llanto, su vida se agoto.Le grite y le grite, jamás contesto, el cielo se gano un ángel, yo perdí a mi abuelo, mientras las estrellas con sus trajes de gala lo despedían, yo con el alma destrozada con un beso adiós le decía.
Dedicado a la memoria de Pedro Gomez Sandoval.
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